jueves, 2 de enero de 2014

Nos gustan los excesos y la buena vida

Nos gustan los excesos y la mala vida

No sé dónde perdí ese no sé qué, que me dio la prisa
la envida y la falta de inquina.

No sé dónde perdí todo lo que había; si en el guardarropa o en el armario estrecho del teléfono sonando sobre el arcén de mis llantos oxidados y putrefactos en la comisura de tu garganta un miércoles por la mañana; suplicándote que me amases; follándote en la calle del buen suceso; corriéndome en el rincón mas apagado del hostal de esa simpática andaluza; imaginándome que aún al otro lado del mundo quizá podríamos recobrar el sentido; obrar el milagro; lanzar plegarias y soñar con fantasmas agazapados parapetados como estábamos en la despensa sin ventana: luz purpura de tu mirada.

Me siento inútilmente perdido; inútilmente desaborío
Sobro en todas y cada una de mis habitaciones
Estoy harto de dibujar arco - iris de blanca navidad a cada oportunidad que se me presenta; a cada baño que se cruza en mi camino.
Mi ojo izquierdo comienza a encasquillarse, da muestras de no poder volver a desenfundar.
Hay un árbol en medio del after; son las dos de la tarde y la gente hace cola para dejar de lado su ropa interior.
Camino envalentonado por Ventura Rodríguez. Reminiscencias de aquella noche en La latina viendo Titanic, recorriendo media Madrid y media madrugada para abrazarte y decirte que tranquila.

¿o acaso dudabais de mi corazoncito?

Nos gustan los excesos y la buena vida

Y un hombre en aquella esquina reparte resina y lógica incoherencia a partes iguales: Da muestras de haber encontrado su baile.

Nos gustan los excesos y la mala vida; rebosamos integridad y fe barata a cada uno de nuestros pasos, a cada una de nuestras manías..

En el fondo sólo quiero un buen trabajo, cortarme el pelo, ponerme corbata, suscribirme al ABC y pillar a una mamarracha humanista y gafa - pasta que baile samba cada mañana.
Y si es antitaurina de ésas mejor, así tendré alguna que otra excusa para humillarla y espetarle un “Qué estúpida” cada vez que lo necesite a lo largo de la semana.

Hay un pavo que circunvala la cincuentena con el jubón puesto y cantando poemas de amor enlatados a la mujer que con razón nunca se lo follará.

Pintan bastos en lo alto de la cornisa.

Sitting bull ha vuelto y no tiene pinta de que el del medio de los Panero vaya a venir a darle esta vez la bienvenida.


Habrá que convencer entre todos al Mago, de que esta noche quizá no convenga cortarle la cabeza a los pollos, que ya andan tísicos y esmirriados en el frío lodo, de aquel viejo corral.


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