Nos
gustan los excesos y la buena vida
Nos
gustan los excesos y la mala vida
No sé dónde perdí ese no sé qué, que me dio la prisa
la
envida y la falta de inquina.
No sé dónde perdí todo lo que había; si en el guardarropa o en el armario estrecho
del teléfono sonando sobre el arcén de mis llantos oxidados y putrefactos en la comisura de tu garganta un miércoles por la mañana; suplicándote que me amases;
follándote en la calle del buen suceso; corriéndome en el rincón mas apagado
del hostal de esa simpática andaluza; imaginándome que aún al otro lado del mundo quizá podríamos
recobrar el sentido; obrar el milagro; lanzar plegarias y soñar con fantasmas
agazapados parapetados como estábamos en la despensa sin ventana: luz purpura de tu mirada.
Me
siento inútilmente perdido; inútilmente desaborío
Sobro en
todas y cada una de mis habitaciones
Estoy
harto de dibujar arco - iris de blanca navidad a cada oportunidad que se me
presenta; a cada baño que se cruza en mi camino.
Mi ojo
izquierdo comienza a encasquillarse, da muestras de no poder volver a
desenfundar.
Hay un árbol en medio del after; son las dos de la tarde y la gente hace cola para
dejar de lado su ropa interior.
Camino
envalentonado por Ventura Rodríguez. Reminiscencias de aquella noche en La
latina viendo Titanic, recorriendo media Madrid y media madrugada para
abrazarte y decirte que tranquila.
¿o acaso dudabais de mi corazoncito?
Nos
gustan los excesos y la buena vida
Y un
hombre en aquella esquina reparte resina y lógica incoherencia a partes
iguales: Da muestras de haber encontrado su baile.
Nos
gustan los excesos y la mala vida; rebosamos integridad y fe barata a cada uno
de nuestros pasos, a cada una de nuestras manías..
En el
fondo sólo quiero un buen trabajo, cortarme el pelo, ponerme corbata, suscribirme
al ABC y pillar a una mamarracha humanista y gafa - pasta que baile samba cada
mañana.
Y si es
antitaurina de ésas mejor, así tendré alguna que otra excusa para humillarla y
espetarle un “Qué estúpida” cada vez que lo necesite a lo largo de la semana.
Hay un
pavo que circunvala la cincuentena con el jubón puesto y cantando poemas de
amor enlatados a la mujer que con razón nunca se lo follará.
Pintan
bastos en lo alto de la cornisa.
Sitting
bull ha vuelto y no tiene pinta de que el del medio de los Panero vaya a venir a darle esta vez la bienvenida.
Habrá que convencer entre todos al Mago, de que esta noche quizá no
convenga cortarle la cabeza a los pollos, que ya andan tísicos y esmirriados en
el frío lodo, de aquel viejo corral.
No hay comentarios:
Publicar un comentario