domingo, 23 de febrero de 2014

 Comenzar la semana  hablando contigo mismo en un grupo de whatsApp donde ya nadie responde

donde ya no queda nada

Tengo sueños que se me presentan como verdades inalienables, como apariciones Marianas rebosantes de una grandeza pomposa y anquilosada bajo el precepto comercial de un “mandamas” de traje holgado y raído, más allá de las profundidades de la caverna de Lourdes, Fátima o qué sé yo:  Cualquier lugar de peregrinaje venial.

Ha sido un fin de semana duro.

Traqueteo motriz con la tarjeta del Hospital.; si pierdo el habla varado en alguna  que otra entrada a Urgencias solo bastará con besarla; catarla o posar los labios sobre su lánguida y rocosa línea magnética.

Recitando delante de más de 200 personas me observé – observándome - a través de un plano cenital con pluma y justo cuando aún precisaba de un minuto más para dar el corten sobre tal grotesca escena,  mi saliva como  de una lluvia ácida radioactiva se evaporó y se ungió de grandeza bajo el sol que alumbra los domingos “El mercado de la Cebada” dejando tras de sí un micrófono maltrecho y calcinado; dejando tras de sí - aflorando bajo mi piel - una vegetación tupida de esporas infectas. A partir de ahí dormí, me ahogué  y para cuando desperté me esperaba un vaso de doloroso batido de verduras.

Si no fuera por Gerardo estaría muerto – metafóricamente hablando, claro.

A cuestas con todo el gotele rebosando en la comisura de mis fosas nasales estuve con Miguel dándole caña a la noche y a la vida, olvidándome que sólo en los peores momentos es cuando “Burning” se reproduce en aleatorio, o dicho de otro modo “juega sucio y no preguntes por qué

Mi error fue pensar que este poema estaba bien escrito

Mi error fue pensar si acaso que tú podrías valer la pena; la lluvia repiqueteando sobre el alfeizar de nuestra estampa y Jesús hijo de Dios; profeta de Galilea mirándome fijamente a los ojos y declarándome con rabia y palabras bien-intencionadas “cuidado, no muerdas la manzana”. Lo siguiente es un polvo mal sopesado, brillante en cuanto a definición y de cuyo poso aún hoy guardo rescoldos. Llamé a Mena para declararle mi amor incondicional a la suerte y al sino que había elegido; llegamos a la conclusión de que ya tendría tiempo de arrepentirme después.

Inmolarse frente a un monolito de cemento

Es uno de esos placeres inherentes a la vida que se mantienen proscritos a ésta

Cuando les das alcance no tienes la certeza de haberlo hecho en balde

Pues tarde o temprano acaba susurrándote que cierres la puerta

Apagues el interruptor

Y te hundas

Sobre el sillón

Quizá una bengala y “Micah P hinson”  envilecido gritando: “ I'm running out of 
patience to be fucking with this now

Entonces te acuerdas de Vallecas;  de su cuesta;  de sus tetas.

De su “Jimmy” y de su “Jazz

Y sonríes a sabiendas

-Ya no hay vuelta de hoja-


Has vuelto a caer.


martes, 21 de enero de 2014

Supongamos, dentro de lo que cabe, que ya no queda
nada por suponer.
Supongamos, dentro de lo que cabe, que ya no queda
nada por perder.

Supongamos que esa camisa de “Los Suaves” y su “Adiós Adiós” grabado en sangre bajo la pechera,
 no tuvieron nada que ver.

Hay un gordo sudoroso feo, calvo y bien-intencionado tratando de escalar ridículamente la pared de cemento.
El gotéele raspa sus uñas.
Un reguero púrpura indica que ya va siendo hora de dar rienda suelta al repostaje.

Alquitrán espeso y una suave brizna de satén de seda envasada al vacío alumbran mis noches, ahondan mi sentido olfativo y de un modo circunstancial luchan con las energías fieras, tupidas y redundantes de éste: Nuestro mes de la austeridad.
Como en lata para quizá no tener que responsabilizarme después de fregar todo lo que ya andaba mojado.
 Desayuno a las 7 de la tarde; en un par de meses abré abierto los ojos será primavera y no debo llegar tarde a la operación bikini. Tarde o temprano y viceversa - apunta esa como una de las máximas de estos días: donde todo es espera y Franceses fumando negro en los balcones con la intención de recriminarte si no era ésto lo que andabas buscando, si no era ésto: un pitillo parcialmente consumado repleto de saliva y espumarajos. ¿O acaso no recuerdas leer a Houellebecq borracho?.

No tolero a los rapsodas afincados en su sillón de poltrona
No tolero no acelerar la noche y no encallarme a cada esquina cualquiera que me encuentre y me pida a gritos un minuto de silencio en honor a todos aquellos que honraron a la comunidad derrumbado a tarjetazos la pared del tabique.
No tolero la sustancia de esos melindrosos fuma hierba; ésta me hace dudar de tu ausencia; de la fe en el camino; de la fe en todo y cuanto he perdido. En todo y cuanto he vendido.
Nunca hubiera sentido remordimientos de haber cogido aquel disco de Springsteen; de no haber salido corriendo aquella mañana soleada en el Altozano. No obstante un subjetivo, pequeño paneo hacia la derecha: Bob Dylan preside y un olor a cerdo me refrena.

it's a town full of losers and i'm pulling out of here to win ¿o no?

Mi instinto suicida echa de menos naufragar en las catacumbas de Vallecas; me pide a gritos ver de Nuevo y saludar con honores -y una genuflexión quizá esta vez- a la reina del castillo

Supongamos, dentro de lo que cabe, que ya no queda
Nada por suponer.
Supongamos, dentro de lo que cabe, que ya no quedan
Tantas calles por recorrer
Encontraré la salida del laberinto tarde o temprano; depende de lo que entiendas por madrugar, si ello conlleva no dejarse dormir y envilecer con polvos de hada la mesa del final, allá donde las persianas nunca se cierran, donde la luz del sol traspasa la fina capa.
En esta carrera a fondo un día- tarde o temprano- abriré los ojos
Cruzaré la esquina
Y ahí estará – mi vida

Para besarme, arañarme y comerme la polla como una loca.


jueves, 2 de enero de 2014

Nos gustan los excesos y la buena vida

Nos gustan los excesos y la mala vida

No sé dónde perdí ese no sé qué, que me dio la prisa
la envida y la falta de inquina.

No sé dónde perdí todo lo que había; si en el guardarropa o en el armario estrecho del teléfono sonando sobre el arcén de mis llantos oxidados y putrefactos en la comisura de tu garganta un miércoles por la mañana; suplicándote que me amases; follándote en la calle del buen suceso; corriéndome en el rincón mas apagado del hostal de esa simpática andaluza; imaginándome que aún al otro lado del mundo quizá podríamos recobrar el sentido; obrar el milagro; lanzar plegarias y soñar con fantasmas agazapados parapetados como estábamos en la despensa sin ventana: luz purpura de tu mirada.

Me siento inútilmente perdido; inútilmente desaborío
Sobro en todas y cada una de mis habitaciones
Estoy harto de dibujar arco - iris de blanca navidad a cada oportunidad que se me presenta; a cada baño que se cruza en mi camino.
Mi ojo izquierdo comienza a encasquillarse, da muestras de no poder volver a desenfundar.
Hay un árbol en medio del after; son las dos de la tarde y la gente hace cola para dejar de lado su ropa interior.
Camino envalentonado por Ventura Rodríguez. Reminiscencias de aquella noche en La latina viendo Titanic, recorriendo media Madrid y media madrugada para abrazarte y decirte que tranquila.

¿o acaso dudabais de mi corazoncito?

Nos gustan los excesos y la buena vida

Y un hombre en aquella esquina reparte resina y lógica incoherencia a partes iguales: Da muestras de haber encontrado su baile.

Nos gustan los excesos y la mala vida; rebosamos integridad y fe barata a cada uno de nuestros pasos, a cada una de nuestras manías..

En el fondo sólo quiero un buen trabajo, cortarme el pelo, ponerme corbata, suscribirme al ABC y pillar a una mamarracha humanista y gafa - pasta que baile samba cada mañana.
Y si es antitaurina de ésas mejor, así tendré alguna que otra excusa para humillarla y espetarle un “Qué estúpida” cada vez que lo necesite a lo largo de la semana.

Hay un pavo que circunvala la cincuentena con el jubón puesto y cantando poemas de amor enlatados a la mujer que con razón nunca se lo follará.

Pintan bastos en lo alto de la cornisa.

Sitting bull ha vuelto y no tiene pinta de que el del medio de los Panero vaya a venir a darle esta vez la bienvenida.


Habrá que convencer entre todos al Mago, de que esta noche quizá no convenga cortarle la cabeza a los pollos, que ya andan tísicos y esmirriados en el frío lodo, de aquel viejo corral.