jueves, 21 de abril de 2016

¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos?

¿Qué sistema patriarcal? Preguntó Sancho estupefacto.
Aquellos y aquellas que allí ves, respondió Don Quijote, cada uno y cada una lleva consigo a sus espaldas todo un cosmos rebosante de micromachismos y lenguaje discriminatorio y sexista.
Mire vuestra merced, comenzó Sancho, que aquellos de allí...
¡Aquellos y aquellas! Corrigió su amo.
Aquellos y aquellas, prosiguió Sancho, no representan ningún sistema, ni patriarcal ni matriarcal ni de ningún tipo, tan sólo son molinos de viento.
Bien parece, respondió Don Quijote, que no estás cursado en el romanticismo heteropatriarcal Hollywoodiense que nos oprime y obliga a abrir y cerrar la puerta y pasar a través de ella detrás de la mujer bajo pena de ajusticiamiento en Garrote vil. Acaso no ves sus brazos largos, algunos de casi dos leguas, que no hacen más que subyugar e imponer el genérico masculino anclándose en la corrección y esgrimiento argumentos dogmáticos y reaccionarios, e incluso fascistas me atrevería añadir, en lugar de permitir la evolución lógica del lenguaje y utilizar la equis para referirse al género neutro y hablar una vez por todas de todxs nosotrxs.
Pero mi Señor, eso son aspas - replicó Sancho Panza
¡Aspos y Aspas! Corrigió su amo una vez más. Recuerda Sancho, dijo Don Quijote mientras picaba espuelas sobre el lomo de Rocinante, nosotras ante todo, somos personas.
Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su compañera Dulcinea, la cual había conseguido desencadenarse tiempo atrás de grilletes tales como el mito sexista de la fidelidad y exclusividad y se adentraba en los terrenos aún vírgenes y sin explorar del poliamor, y que dicho sea de paso ya sólo respondía a los Whatsapp de Don Quijote los miércoles de luna llena, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió en el primer molino que tenía delante.

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