Hipotética
consecuencia
Como si de un guionista
borracho se tratase: fumo
en la ventana,
con la peculiaridad,
de que yo me huelo los dedos al terminar de hacerlo.
“Quizás hoy la chica del piercing en la lengua acabe comiéndomela detrás de la valla”.
Mastico la comida sin conciencia de ello para,
digerirla y después escupirla contra mi ventana.
Debe ser que las reminiscencias de aquel verano que tanto se alargaba,
con Stepanovic bajo aros y el Miguel y el Mena subiendo la cuesta y fumando hasta la mañana, se materializa bajo el calor intempestivo
de los lamparones de semen sobre mi almohada.
Me perdí entre noches con demasiada suerte para,
acabar derritiéndome como un hielo
en el océano de whisky de mi garganta.
Debió ser el mismo corte de aquel spiz que tanto se alargó:
encerrado en mi despensa de Cascorro;
sirviéndolo como excusa; deborando química como animales (en la pista de baile)
cuando aún no nos debíamos nada.
Arrastro lagunas que ignoran su esencia e idiosincrasia,
será por eso del agravio comparativo que supone,
beber cuando ya olía a porro desde por la mañana.
He de suponer que mordí el techo con el fin,
de dejar mis encías ensangrentadas.
Introducción, nudo y desenlace: cinematográficamente perfecto,
al menos espero no haberme equivocado;
El día en el que consciente y autosuficiente abandoné el cine,
para convertirme en protagonista de al trama.
en la ventana,
con la peculiaridad,
de que yo me huelo los dedos al terminar de hacerlo.
“Quizás hoy la chica del piercing en la lengua acabe comiéndomela detrás de la valla”.
Mastico la comida sin conciencia de ello para,
digerirla y después escupirla contra mi ventana.
Debe ser que las reminiscencias de aquel verano que tanto se alargaba,
con Stepanovic bajo aros y el Miguel y el Mena subiendo la cuesta y fumando hasta la mañana, se materializa bajo el calor intempestivo
de los lamparones de semen sobre mi almohada.
Me perdí entre noches con demasiada suerte para,
acabar derritiéndome como un hielo
en el océano de whisky de mi garganta.
Debió ser el mismo corte de aquel spiz que tanto se alargó:
encerrado en mi despensa de Cascorro;
sirviéndolo como excusa; deborando química como animales (en la pista de baile)
cuando aún no nos debíamos nada.
Arrastro lagunas que ignoran su esencia e idiosincrasia,
será por eso del agravio comparativo que supone,
beber cuando ya olía a porro desde por la mañana.
He de suponer que mordí el techo con el fin,
de dejar mis encías ensangrentadas.
Introducción, nudo y desenlace: cinematográficamente perfecto,
al menos espero no haberme equivocado;
El día en el que consciente y autosuficiente abandoné el cine,
para convertirme en protagonista de al trama.

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