sábado, 28 de diciembre de 2013

No hay cuartel para la rosa clavada en el cartel de la encina

Por más que le susurres y le comprometas a despojar todo vestigio de maldad abigarrada bajo la sorda pena.
La sorda pena de tu funesta mirada y de una y otra y otra señal de tu ausencia o de tu compromiso a comprometerte en la distancia: "Que no estamos locos que sabemos lo que queremos".
Chinitas en la ventana a media mañana para después alejarte a toda prisa corriendo hacia la acequia: tu mirada de mala: tu sonrisa maliciosa y malvada.

Temo a la vida en carne viva

 Y aún así no puedo evitar perder el miedo a dejar de lado la trinchera; nunca he sido de barro y putrefacta estofa; ni de mearme en los pantalones, ni de anhelar tiempos pretéritos. 
Se que llevo la victoria, como si de un estigma irrevocable se tratase, tatuada en la frente; tatuada en lo mas profundo de mi alma, es por eso que albergo profundos pesares de inmoralidad y una mirada de resignación y condescendencia hacia todo aquello que huela a banalidad; ya no puedo evitar carcajearme a cada puesta a punto del camino; a cada alambrada resquebrajada, a cada colgajo de usufructo meadero: tripas en salmuera y algún que otro camarada clamando ayuda desesperada para llegar al otro lado.

Son muchas noches bordeando a un par de metros la puerta del burladero; Son muchas noches esperando a puerta gayola la salida del morlaco desafiante en la profunda oscuridad de mi particular coliseo romano.

Cada vez disfruto más con mi metabolismo; con aquella piedra de whisky asomando desde la esquina, con aquel cabrón Argentino rezumando fe, pamplinas y "Fernet Branca" con nicotina.

Si bien es cierto que de vez en cuando circunvalo imbecilidad llanto y desanimo, no es más que un pretexto para poder escribir cada semana y poder subir al atril a contároslo.

Mi integridad me impide no disparar a la mano que me da comer

Mi honestidad me impide no dejar de soltarle el humo en la cara a cada mínima oportunidad de bailar chotis en algo menos de metro cuadrado.

Un día conocí a una mujer que soñaba con perder el amor de quien premeditadamente ella esperaba poder dejar de amar a tiempo.

Corre el viento crepuscular en la estepa llana de la Mancha; un señora saca las arvejas a pasear y se pregunta cuántas arrobas de leña le harán falta para no dejar apagar la chimenea de Papa Noél.

Disfruto fumándome el último del paquete de Winston

Hay todo un abismo entre lo que quiero y deseo
Que no te quepa ninguna duda

Esta noche no quiero volver a verte.


Hipotética consecuencia


Como si de un guionista borracho se tratase: fumo
en la ventana,
con la peculiaridad,
de que yo me huelo los dedos al terminar de hacerlo.

“Quizás hoy la chica del piercing en la lengua acabe comiéndomela detrás de la valla”.

Mastico la comida sin conciencia de ello para,
digerirla y después escupirla contra mi ventana.
Debe ser que las reminiscencias de aquel verano que tanto se alargaba,
con Stepanovic bajo aros y el Miguel y el Mena subiendo la cuesta y fumando hasta la mañana, se materializa bajo el calor intempestivo
de los lamparones de semen sobre mi almohada.

Me perdí entre noches con demasiada suerte para,
acabar derritiéndome como un hielo
en el océano de whisky de mi garganta.
Debió ser el mismo corte de aquel spiz que tanto se alargó:
encerrado en mi despensa de Cascorro;
sirviéndolo como excusa; deborando química como animales (en la pista de baile)
cuando aún no nos debíamos nada.

Arrastro lagunas que ignoran su esencia e idiosincrasia,
será por eso del agravio comparativo que supone,
beber cuando ya olía a porro desde por la mañana.
He de suponer que mordí el techo con el fin,
de dejar mis encías ensangrentadas.

Introducción, nudo y desenlace: cinematográficamente perfecto,
al menos espero no haberme equivocado;
El día en el que consciente y autosuficiente abandoné el cine,
para convertirme en protagonista de al trama.


Estoy sólo: estoy perdido

Estoy sólo: estoy perdido

Estoy sólo: estoy perdido

Estoy sólo: estoy perdido

Bebo café y no debería
Bebo café y no debería
Bebo café y no debería

Bebo café y joder….No debería

Estoy sólo: estoy perdido
Estoy sólo: estoy perdido
Estoy sólo: estoy perdido

Estoy sólo: estoy perdido


Todavía

Me veo a mi mismo
A través del espejo de la entrada
Dando vueltas como un cabrón alrededor de la mesa del salón escuchando como casi siempre:
a Loquillo en el tocadiscos
Dameee más, daaaame más, dame tus besos robados una vez más
Y sigue La canción
Porque de besos ando escaso no te creas, ahora mismo no quiero “más
Todavía
Y sí, todavía,
ya que a mí no tienes por qué hablarme de drogas ilusorias

ni de letanías absorbentes

Ni de malabares enrojecidos bajo la luz de la luna; viento en popa a lo que deparará el mañana y todas esas milongas y estupideces varias de poeta de postín con sombrero ridículo manufacturado en china, posado sobre sus grandilocuentes orejas y sus megalíticas habilidades sociales, pues éstas única y exclusivamente están al servicio de la bragueta, que ya se sabe es más fácil sacarla a pasear si te las das de patán chiflado y vanagloriado, vindicando una desfachatez extrema al considerarte un paria, un caraja y un llorón redomado a la mínima vela que te den en cualquier entierro.
Pero escucha
No pienses que me vas a pillar por ahí

Pues todavía Nadie me ha ganado ni bebiendo ni conquistando.

Y créeme que sé de sobra qué es eso de esconderse tras un contenedor a las 4 de la mañana y ver mi rostro reflejado sobre el papel de plata.

Y créeme que sé de sobra qué es eso de que me arranquen la piel a tiras; qué es eso de que una venezolana de tres al cuarto te rompa la polla y el corazón.

Sé lo que es verme tirado en una plaza de España cualquiera como tantos perros Sudamericanos en tantas plazas Sudamericanas.

¿Y sabes qué es lo mejor de todo?

Que ya no quiero saber por diablo lo que por viejo no me toca.

Para ellos la fama y las mamadas intempestivas en cuchitriles oscuros de las calles de Malasaña; para ellos el whisky de garrafón y la sonrisa alelada de una grupie por la mañana.
Esta noche quizá me masturbe en soledad, sí.
Pero puedes tener la certeza de que no dormiré hasta el amanecer y que tras Loquillo me esperan el Risi, Burning y su grandísimo “Final de la década”.

Ya que después de todo

Todavía

Rock and roll star” sigue siendo mi canción, y que no te quepa ninguna duda de que está compuesta única y exclusivamente para mí.

 “…y en la lluvia pondré mi corazón de Rock & Roll
Y cuando me llene el cuerpo de anfetas y de alcohol
Querré alguien a mi lado que me recoja al caer
Así nena tendré suerte de llegarte a conocer” 

Amén.


Hay noches que sudan de ti completamente


Rock and roll para los idiotas
y cebollas para los los valientes.
Nunca supiste valorar mis maquinaciones
a pesar del amor que supuruban.
Nunca supuiste valorar mis interpretaciones
a pesar del trasfondo que tras de si dejaban.

No renunciaste al odio imperante de aquello que nunca ayuda en nada.

Creeme si te digo que mi intención nunca fue pisar charcos
y mucho menos regodearme en la  mierda que salpicaron,
la misma que tú un día me lanzaste
y a la cual yo me enfrenté como una bestia y no como un ser humano.
Pero la lluvia nunca cae del mismo lado,
o quizá sí, pero no suele hacerlo en mi barrio
el cual un día anhelaste y acabaste borrando de un brochazo
o de una carcajada, que mas da...
La tormenta entra a portazos, y yo aquí, escribiendo esta gilipollez de relato.
Sueño con reemprender de nuevo aquel viaje, aunque ello me deje aun mas tirado.
Pero tu no negocias con terroristas, y Dios no bajará del cielo
Nadie podrá explicarme que el tedio
me une aún más a mi perro

Rock and roll para los idiotas
y cebollas para los valientes...
...un poco de ambas para esta noche, si no consigo olvidarte
habremos conseguido algo.


Constituimos ese selecto club; poseemos ese jactancioso honor


Manta a la chepa y elminado todo vestigio de temor,
Cruzamos el río en busca de la búsqueda de esa sonata azul,
de esa intuitiva inseguridad que poco antes conocíamos tan sólo en los relatos de terror y
las poesías de desamor.

No debe acusarsenos de haber perdido la virgnidad,
ni si quiera nos podemos permitir culpar a Dios y a la ingenuidad.
Pretendimos forjarnos, a base de llanto y espanto, ese pasado trágico
con el cual componer estos trazos.

Aunque quizás no lo supiera; aqunque quizás fuera incapaz de asumirlo,
en lo más profundo de mi cama sin colcha;
en lo más profundo de esa botella de whiksy tirada en el balcón;
siempre quise poder mirarte fijamente a los ojos y susurrarte:
"Que de entre todos los años duros, este ha sido el mejor;
que de entre todas las drogas duras, tú fuiste la que mayor resaca me dejó"

Constituimos ese selecto club; Posemos ese jactancioso honor; me convezco una vez más,
mientras escucho a la habitación de al lado gemir de placer,
e imagino a mi compañero de piso hundiendo su polla en los confines más profundos de la galaxia,
de mi noche de estrellada.

Somos los autores, los actores, los protagonistas, de nuestras respectivas obras dramáticas.
Nos vemos a nosotros mismos como un cuento, cuyo final trágico debemos cuidar.
Nos delata nuestro pelo rubio, nuestro aspecto imberbe y las arrugas en la frente

Soñamos con una vida frenética, bailar bajo la lluvia y un "te quiero" por cada despedida.
Pero al cruzarnos de bruces con nuestra suerte, fingimos una pose , asumimos nuestro sino y,
miramos fijamente a cámara como en el final  de aquella película de Truffaut.

Constituimos ese selecto club; Posemos ese jactancioso Honor.
Omitiremos la falta de escrúpulos; omitiremos la falta de detalles.
Velaremos por el anonimato y la osadía de todo aquél que pretenda
circunvalar en la espiral de este basurero.
Veleramos por todo aquél cuya maxima sea, como la de tantos otros antes,
naufragar en las pedregosas costas de arena blanca de este mar sin playa.
Velaremos por todo aquél, como tantos otros antes, cuyo final sea: perder en la ciudad de Madrid.